Todo nacionalismo es en el fondo reaccionario, ha dicho alguien, y el nacionalismo catalán, en lucha con un Estado «invasor» confirma en toda su actuación dicho aforismo. Cuando la Geografía nos enseña la unidad de la tierra a través de todos sus accidentes, se querría aquí levantar murallas chinescas para aislarnos en un edén imaginado por pobres dementes y que en la práctica resultaría — y resulta ya — el peor de los infiernos. Cuando el impulso de la civilización nos lleva a una mayor relación y compenetración mundial y las fronteras resultan estorba, aquí, en competencia con el sistema de locomoción a base de aeronaves transatlánticas se ha ideado la utilización de la carreta de buey, y, so pretexto de sutiles y alambicadas diferenciaciones étnicas, quisiera alguien que el proletariado catalán viviese de espaldas a las realidades del mundo.

El problema político regional o nacional, como quiera llamársele según la satisfacción que se haya de dar al grado de fobia de cada uno, sólo puede interesar a los trabajadores bajo el punto de vista de humana libertad. No hay una libertad catalana ni una libertad castellana, hay libertad ; del mismo modo que no hay una tiranía catalana ni una tiranía castellana, sino que hay tiranía.
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Creer que la CNT-AIT. (en este caso la CRT : confederación regional del trabajo de Cataluña) ha de catalanizarse para adquirir predicamento entre las masas obreras, no deja de ser «na estupidez. Si los sindicatos fueran catalanistas, perderían toda su esencia y toda su virtualidad emancipadora. Y no obstante, es desde Cataluña que el sindicalismo ha irradiado y ha arraigado hondamente en tierras ibéricas, recogiendo las palpitaciones de libertad comunes al proletariado universal, de aquella parte del proletariado que mejor interpreta el sentimiento de lucha revolucionario y emancipador.

El proletariado catalán no es ni más ni menos explotado que el de otras partes, y la gente cuya mentalidad no alcanza a comprender más que el sentimiento de rebeldía proletaria arranca del descontento del paria por no poder disponer de un par de zapatos nuevos, de un buen vestido y de una mesa bien servida, está incapacitado para echar nada en cara a los trabajadores que, catalanes o no, viven en Cataluña y, desde las filas de la CNT-AIT., luchan por su emancipación.

La corriente catalanista ya sabemos en Cataluña los obreras catalanes hasta donde llega en comprensión del problema social. El proletariado, para el catalanismo, estaría siempre en estado de minoridad perpetua. Los principios del derecho romano, en su esencia, se habrían de considerar intangibles.

Los obreros de la CNT-AIT. no han de encerrarse en el marco del particularismo regional. Aislar el proletariado ibérico de región a región, sería reducirle a la impotencia más absoluta. Significaría la esterilidad, como la significa la lucha aislada de pueblo a pueblo, de gremio a gremio, de individuo a individuo sin esa formidable palanca, capaz de mover el mundo al impulso del proletariado consciente, que se llama solidaridad universal.

La misma política de atracción acerca de las masas obreras en torno al nacionalismo que se observa en Cataluña, mañana hará su aparición en Euskadi o en otra porción de Iberia que consiga relativa autonomía dentro la descentralizadito política que se opera en España y que seguramente tomará cuerpo. Y es muy conveniente que el proletariado de Iberia sepa tener oídos sordos a los cantos de las sirenas del unitarismo regional y dedique todo su empeño a estrechar los lazos de solidaridad por encima de todas las corrientes nacionalistas, escuchando aquella invocación suprema que en su esencia encierra la clave del triunfo: ¡ Proletarios de todos los países, unios !


A la descentralización política, la CNT-AIT. no puede ni debe oponerse. Pero la situación que esta descentralización cree, no podrá eludirla, no podrá serle indiferente y ha de dedicar su esfuerzo a evitar un seccionamiento de su unidad dentro del amplio marco federalista que la informa. Al unitarismo regional, en el plano de actividades propias y sin salirse de su esfera de lucha, ha de oponer la libre federación universal. Ante los nacionalismos más o menos acentuados, el proletariado hispano ha de demostrar su voluntad solidaria y la perfecta unidad de su acción emancipadora.

Catalanes o castellanos, vascos o gallegos, sea cual fuere la porción de tierra do nacieran los obreros han de sentirse hermanos y, pese a todos los vaticinios más o menos pesimistas y gratuitos, han de hacer comprender a los, que tienen cerrados los ojos a la realidad que, por encima de los nacionalismos y afirmando los principios de libre federación universal, los obreros saben construir y forjar un mundo nuevo valiéndose de la solidaridad y de cuantos elementos de cultura, de capacitación y de lucha estén a su alcance.

GERMINAL ESGLEAS

Revista Blanca,